21 de mayo. Se firman los Tratados de Ciudad Juárez.

Fuente: https://bit.ly/2Yg9r0F

La Revolución Mexicana no fue un movimiento con alcance nacional en sus inicios. Por ello, resulta relevante hacer notar que el alzamiento convocado por Francisco I. Madero no encontró un eco inmediato, ni entre “[…] sus partidarios antirreeleccionistas.”[1] Ni el propio Madero ni sus correligionarios esperaban la adhesión a su Plan de San Luis de sectores populares de zonas disímiles del país.

Hasta febrero de 1911, el movimiento armado no representó un problema de grandes proporciones para el régimen porfirista, pero cobró fuerza en los meses subsecuentes, hasta lograr la toma de Ciudad Juárez, el 10 de mayo de ese mismo año. Esta ciudad era uno de los principales puntos de acceso y comercio con Estados Unidos, lo que propició que el gobierno porfirista decidiera entrar en negociaciones con los revolucionarios.

Tras deliberar las condiciones, Francisco I. Madero y el enviado del gobierno, Francisco S. Carbajal, llegaron a un acuerdo para convocar a elecciones, desmovilizar a las tropas revolucionarias y precipitar la renuncia del entonces presidente, Porfirio Díaz. Este convenio implicaba, además, que se mantendría virtualmente la misma estructura administrativa, incluyendo al Ejército Federal que había sido combatido y derrotado.[2]

Cabe mencionar que, de conformidad con la Carta Magna de 1857, existía la figura no solo de presidente sino la de vicepresidente, aunque ambos renunciaron como parte de las negociaciones de los Tratados de Ciudad Juárez; siendo el caso que, por ley, hubo de tomar las riendas de manera interina Francisco León de la Barra, entonces Ministro de Relaciones Exteriores.[3]

Como se puede constatar de lo vertido en líneas anteriores, los protagonistas de la primera fase de la Revolución buscaron tener, inicialmente, una salida legal e institucional al movimiento armado. No obstante, esto resultó insuficiente para calmar los ánimos revolucionarios que había despertado Madero con su pronunciamiento y alzamiento.

El devenir de la lucha armada demostró que, aunque las partes involucradas en los Tratados no tenían tanta conciencia de las clases populares, éstas se habían adueñado del movimiento y a la postre resultó muy difícil implementar cualquier medida de control.[4]

[1] Javier García Diego. Sandra Kuntz. “La revolución mexicana.” En Érick Velásquez, et. Al. Nueva Historia General de México. México: El Colegio de México. 2010. 818 p. p. 540.

[2] Texto de los convenios de Ciudad Juárez. 25 de mayo de 1911. [Consultado el 14 de mayo de 2019. Disponible en: https://bit.ly/2H3IXZj ].

[3] Reformas a la Constitución de 1857 de 1901 a 1916. Art. 81-82. México: Cámara de Diputados., p. 232. [Consultado el 14 de mayo de 2019. Disponible en: https://bit.ly/2VzVVYU ].

[4] García Diego y Kuntz, Óp. Cit., p. 540.

0 Comentarios

Comentario