31 de mayo. Fallece Mariano Otero.

Fuente: https://bit.ly/2DmKiZ1

Mariano Otero es considerado por muchos como el jurista y legislador más prominente del México independiente; fue tal su influencia, que muchas de sus ideas trascendieron incluso entre los representantes políticos que conformaron el notable Congreso constituyente de la época de la Reforma de 1856-1857.

Sus aportes fueron muy vastos, a pesar de morir a temprana edad. Durante su corta vida se dio el tiempo de plasmar con toda claridad su visión legal e institucional para el país; asimismo, mostró una aguda capacidad e inteligencia para analizar las causas detrás de los problemas de la joven nación mexicana.

Nació como José Mariano Fausto Andrés Otero Mestas en Guadalajara el 4 de febrero 1817, durante los años crepusculares del longevo Virreinato de la Nueva España, en medio de los conflictos independentistas de la Corona Hispánica, representada en ese entonces por Fernando VII.2

Sus primeros años de vida vieron consumar la independencia de México y el establecimiento del efímero Imperio Mexicano, que en pocos años se convirtió en los Estados Unidos Mexicanos, una república federal con un congreso bicameral.

La joven República vivió desde sus inicios momentos convulsos, algunos de los cuáles fueron presenciados directamente por el propio Mariano Otero. Al cumplir 18 años, se recibió como abogado, el 15 de octubre de 1835, en su estado natal, Jalisco, jurando defender a la Inmaculada Concepción.3

Fue testigo de episodios trascendentales de la historia de México, como la separación de Texas del territorio mexicano, así como la instauración de la Constitución de 1836, de corte conservador y que se conoce de manera popular como Las Siete Leyes4.

Este último Ordenamiento Fundamental tuvo escasa vigencia, pues hubo un Congreso Constituyente en 1843 que decretó las Bases Orgánicas de la República Mexicana5, las cuales siguieron el modelo de división política en Departamentos y territorios y dispusieron un apartado robusto de derechos civiles y garantías judiciales. El notable jurista jalisciense participó como legislador, representando a su estado.6

Para 1847 y en medio del conflicto con Estados Unidos, Otero fungió como redactor del Acta Constitutiva y de Reformas ese mismo año7, por medio de la cual se restauró el federalismo y se buscó crear un frente común ante el avance enemigo.

Fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores e Interiores tras la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo en 1848, ocupando al mismo tiempo un escaño como senador; dado el triste desenlace que tuvo el conflicto armado con Estados Unidos, se opuso por todos los medios a lo estipulado por el Tratado, buscando incluso el 13 de junio de ese mismo año, arengar a los derrotados a continuar la guerra, pues la pérdida territorial le pareció inaceptable.[1]

Tal vez uno de sus mayores aportes en su faceta de jurisconsulto, fue la creación de la figura jurídica del Juicio de Garantías o Juicio de Amparo junto con Manuel Crescencio Rejón, recurso extraordinario que se sancionó en el acta Constitutiva de 1847[2].

Esta figura legal revolucionó por completo el ámbito jurisdiccional de nuestro país y significó el recurso judicial efectivo, por excelencia, para todos los mexicanos, y posteriormente para los hermanos latinoamericanos, en cuyos países se importó, de una u otra forma, el Amparo.[3]

La agitada vida de Mariano Otero se apagó de manera súbita el 31 de mayo de 1850 en la Ciudad de México, al ser víctima de un brote de cólera en la ciudad capital.

 

[1] Sergio García Ramírez.  “Mariano Otero, estadista y jurista.” En Revista de la Facultad de Derecho. UNAM.  Vol 67, No 269 (2017) Pp. 44-45.

[2] Acta Constitutiva de 1847. Art. 25: Los tribunales de la Federación ampararán a cualquiera habitante de la república, en el ejercicio y conservación de los derechos que le concedan esta Constitución y las leyes constitucionales, contra todo ataque de los poderes legislativo y ejecutivo, ya de la Federación, ya de los Estados, limitándose dichos tribunales a impartir su protección en el caso particular sobre que verse el proceso, sin hacer ninguna declaración general respecto de la ley o del acto que lo motivare.

[3] Sergio García Ramírez. Óp. Cit., Pp. 36-37.

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