17 de julio. Asesinato de Álvaro Obregón.

Fuente: https://bit.ly/32rGkun

Álvaro Obregón Salido, fue asesinado el 17 de julio de 1928 después de ganar la elección presidencial para el periodo 1928-1934, con lo que se presentaría a su segundo periodo como titular del Ejecutivo federal; para el momento en que se anunciaba su reelección, el general sonorense contaba con una importante fuerza política y una notable influencia sobre el bando vencedor emanado de la Revolución. Para  analistas e  historiadores, Obregón  encaja  perfectamente  en  el perfil  del “caudillo”.

A la luz de la conceptualización del sociólogo alemán Max Weber, Obregón pudo circunscribirse dentro de los primeros planos del panorama político de su época, no solo por la condición de triunfador que ostentó a la muerte de Venustiano Carraza, sino por el carácter carismático de su liderazgo;[1] el cual ejerció sin vacilación sobre un amplio grupo que lo acogió como cabeza al término del conflicto armado.

El concepto weberiano de la dominación carismática, tiene algunos sustratos que, si bien no se encuentran de manera pura en la realidad, sirven como un tipo ideal para poder establecer un estudio histórico social.

En la dominación carismática, de acuerdo con Weber, hay cierta oposición a la dominación legal y/o tradicional; no obstante, el carisma no se hereda, por lo que en cierto punto tiende a institucionalizarse para resolver las cuestiones de sucesión, debido a que este tipo de dominación perdura el tiempo que vive el líder carismático.[2]

Álvaro Obregón, un pequeño agricultor y comerciante de Sonora, quien fue presidente municipal en su localidad, sustentó su poder político en su capacidad de hacer alianzas con la clase política de su época y en el creciente apoyo popular que se le manifestaba. Sus constantes victorias dentro del plano militar, como en la vida pública, le granjearon una posición de respeto, pero también de contención, por lo cual tuvo una gran cantidad de enemigos.

Cuando terminó su primer periodo presidencial (1920-1924), se retiró a la vida privada como hombre de negocios, lo que no significó su salida del entorno político. Durante la administración de Plutarco Elías Calles (1924-1928), se hicieron modificaciones a la Constitución de 1917 para permitir la reelección presidencial y se establecieron los periodos sexenales; en su momento, Obregón decidió que él sería quien inauguraría las modificaciones constitucionales.

La mañana del 17 de julio de 1928, tras ganar los comicios electorales, Obregón se dio cita como presidente electo para desayunar en el restaurante “La Bombilla”, al sur de la Ciudad de México. En la versión oficial José de León Toral fue quien perpetró al magnicidio; un retratista que a la menor oportunidad asesinó a Obregón con seis disparos; se sabría tiempo después, que el cuerpo del caudillo sonorense presentó más impactos de bala realizados con armas de diversos calibres.

En su aniversario luctuoso recordamos a este personaje enigmático e interesante, quien jugó un papel trascendental durante y después de la Revolución Mexicana.

[1] Castro,  Pedro,  “Álvaro Obregón, el  último  caudillo”, en  Polis:  Investigación y  Análisis Sociopolítico  y Psicosocial, vol. 2, núm. 3, 2003. Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa. Distrito Federal, México. P. 211.

[2] Ibíd.

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