1 y 2 de noviembre. Día de muertos.

El Día de Muertos es una de las tradiciones más importantes de nuestro país, pues refleja la pervivencia de prácticas culturales muy antiguas que permean la cotidianidad de miles de familias a lo largo y ancho de territorio mexicano. Se trata de una de las festividades que distinguen a México en el plano internacional por el colorido, la diversidad cultural y la lozanía observada, paradójicamente, en torno a uno de los sucesos más lúgubres de la existencia humana: la muerte.

Fuente: https://bit.ly/2QbpjxO

En los pueblos mesoamericanos existía la noción de la muerte como un cambio dentro del ciclo de la vida; no como una conclusión sino como una renovación[1]. Con el periodo de la conquista se presentó un proceso de apropiación cultural[2], concepto elaborado por el antropólogo mexicano Guillermo Bonfil Batalla, mediante el cual implica lo que sucede en el momento que una cultura es impuesta sobre otra y cómo los elementos culturales del grupo que se impone son apropiados por los sometidos, de tal manera que éstos tengan capacidad de decisión sobre dichos elementos y aún puedan producirlos y reproducirlos.

Es así que, en los altares puestos en las casas, se pueden observar elementos como crucifijos y copales dentro de un mismo escenario; subsisten elementos cristianos, pero al mismo tiempo subyacen ideas paganas, como que las almas de los muertos, más allá de cumplir penitencias, regresan con sus seres queridos para celebrar, en medio de un ambiente festivo, la convivencia con sus familiares, quienes los esperan con alegría durante esos días. La apropiación cultural descrita por Bonfil Batalla, es un proceso que inició en México hace casi cinco siglos y cuyo legado aún podemos observar durante estos días festivos.

Las festividades del catolicismo, el Día de Todos los Santos y el Día de las Ánimas, llegaron procedentes de la península Ibérica y se establecieron durante todo el periodo colonial; las fechas asignadas para tal la celebración son en las que actualmente muchas familias le rinden culto y memoria a sus familiares fenecidos; días en los que se espera su retorno del “más allá”, con el fin de que puedan disfrutar de las viandas que más degustaban en vida. Ya el poeta mexicano Octavio Paz, en su Laberinto de la Soledad, había mencionado la particularidad de la cultura mexicana en su conjunto, al vivir la muerte con la fiesta, en medio de comida, bebida y baile.

En cada región de nuestro país se reproduce de forma diferente esta celebración; en algunos lugares dura más tiempo que en otros; algunos pobladores van a los cementerios a adornar las tumbas de sus seres queridos y se encienden velas para alumbrar el retorno de las almas que vienen al mundo de los vivos de visita, despidiéndolas varios días después mediante el mismo ritual; en las casas suena la música que los difuntos más disfrutaban en vida y platillos especiales son cocinados para la convivencia entre vivos y muertos en hogares adornadas con objetos pintados de los colores más vivos.

La alegría de la muerte. Un rasgo propio e ineludible de la cultura mexicana.

 

[1] Losada, Teresa, “La Vigencia de la tradición cultural mesoamericana en Milpa Alta, pueblo antiguo de la ciudad de México”, en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, vol. XVLII, núm. 195, septiembre-diciembre, 2005. Universidad Nacional Autónoma de México. Distrito Federal, México. P. 205.

[2] Bonfil Batalla, Guillermo, “La teoría del Control Cultural”, en Anuario Antropológico, Editora Universidades de Brasilia-Tempo Brasileiro. Disponible en https://bit.ly/2qhjC6t, consultado el día 21-10-2019.

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