20 de noviembre. La Revolución de 1910.

La Revolución mexicana fue el primer movimiento social de gran envergadura que se dio en América Latina a inicios del siglo XX[1]. Los alcances de sus consecuencias se experimentaron el resto de la centuria en México y sin dicho evento, no se podría entender la manera en que se encuentra conformada nuestra república el día de hoy. Su importancia se encuentra en la redacción original del texto constitucional vigente en nuestra nación, pues a la protección que el Estado mexicano brindó a los habitantes del territorio a través de las garantías individuales mencionadas en la Constitución de 1857, se sumaron la protección de los derechos sociales por medio de los artículos 3°, 27° y 123°.

Fuente: https://bit.ly/2KcSFLr

El movimiento armado detonó a causa del fraude electoral que el gobierno, encabezado por Porfirio Díaz, perpetró en contra de Francisco I. Madero en las elecciones presidenciales de 1910. La lucha convocada por Madero en su Plan de San Luis[2], inició formalmente el 20 de noviembre de aquel año. Sin embargo, el malestar en contra de la perpetuación de Díaz en el poder –junto a todo su séquito de longevos funcionarios, comúnmente conocido como “los científicos”—se había manifestado desde una década antes, pues previo al movimiento maderista existieron grupos políticos opositores al régimen porfiriano como el encabezado por los hermanos Flores Magón: el Partido Liberal Mexicano[3].

Durante la gestión de Díaz se implementó un proyecto modernizador en el que la tenencia de la tierra fue fundamental para poder realizarlo; junto con la seguridad jurídica de la propiedad agraria llegó el desarrollo de las vías de comunicación: ferrocarriles, carreteras, puertos, telégrafos y teléfonos[4].

En el plano social, los conflictos, en un país con un gran número de población rural, se agravaron por el acaparamiento de tierras a manos de pocas familias acomodadas beneficiarias del tutelaje porfiriano. El semiesclavismo que imperó durante este periodo, pudo reproducirse a través de los mecanismos de exacerbado endeudamiento puestos en marcha y ejemplo de ello fueron las tiendas de raya; tal era la situación, que incluso se pretendió endeudar a las siguientes generaciones por medio de este tipo de actividades[5].

Asimismo, la condición de los obreros de la naciente industria de finales del siglo XIX y principios del XX, propició una movilización social a gran escala en la que se buscó mejorar las condiciones de trabajo a las que eran sometidos no solo los adultos, sino también los niños al interior de las fábricas establecidas en territorio nacional[6]. La lucha obrera se extendió hasta la conformación del sindicalismo en nuestro país, aunque tiempo después, en la segunda mitad del siglo XX, el corporativismo mexicano hizo posible la aparición del sindicalismo charro.

La Revolución mexicana se puede dilucidar como la expresión de una sociedad inmersa en una profunda crisis; crisis que abarcaría los aspectos políticos, económicos y sociales, que después de cierto tiempo se volvieron agudas e insostenibles.

A ciento nueve años del inicio de la última guerra civil en México, recordamos la participación activa de una buena parte de la población que recurrió al camino de las armas para cambiar la situación social del país en aquel entonces. Para comprender nuestra patria actualmente, es necesario remitirnos a los eventos que fueron forjando la especificidad de la nación en la que nos encontramos.

 

[1] Santana Adalberto, “La Revolución mexicana y su repercusión en América Latina”, en Latinoamérica. Revista de Estudios Latinoamericanos, núm. 44, 2007, pp. 103-127. Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe. Distrito Federal, México.

[2] Plan de San Luis, disponible en https://bit.ly/2ND81Lx, consultado el 11-11-2019.

[3] Programa del Partido Liberal Mexicano, disponible en https://bit.ly/2CwfDZB, consultado el 11-11-2019.

[4] Macías Vázquez, María Cármen; Pérez Contreras, María Montserrat, “La propiedad agraria durante la época porfiriana”, disponible enhttps://bit.ly/2X5bPIz, consultado el 11-11-2019.

[5] Lagunas Ruiz, Hilda, “Vida cotidiana y laboral en las haciendas de Zinacantepec, siglos XIX y XX”, en La Colmena, núm. 70, abril-junio, 2011, pp. 83-95. Universidad Autónoma del Estado de México. Toluca, Estado de México. La autora refiere que en algunas haciendas del Estado de México, las deudas en salarios de las haciendas hacia sus trabajadores eran mayor que las de los trabajadores hacia sus patrones.

[6] Torres Guillén, Jaime, “La resistencia política en México: sindicatos, movimientos sociales y convergencia”, en Espiral, núm. 51, mayo-agosto, 2011, pp. 201-233. Universidad de Guadalajara. Guadalajara, México.

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