7 de enero de 1986. Aniversario de la muerte de Juan Rulfo.

El llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955) constituyen, en su conjunto, el legado inagotable de Juan Rulfo como escritor. Estas dos grandes obras de las letras mexicanas y latinoamericanas del siglo XX no solo retratan y recrean con maestría el entorno y la vida en el campo en condiciones de suma pobreza, violencia y desolación, sino que ahondan en la complejidad de la existencia humana.

Nacido en Jalisco en 1917 con el nombre de Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, perdió a su padre a temprana edad, asesinado como consecuencia de los hechos violentos de la guerra crister;, su madre falleció pocos años después. Estos sucesos y su posterior ingreso a un orfanato que, según sus propias palabras, funcionaba como una correccional, marcaron de forma definitiva su carácter taciturno y reservado.

En su obra es evidente la influencia del contexto político, social y religioso de la sociedad jaliscience de su tiempo; se puede encontrar una clara referencia a las vivencias, el entorno y el caló de su pueblo natal, Apulco, y de San Gabriel, donde vivió largo tiempo.

Rulfo proviene del campo, pero es en las grandes metrópolis donde complementa su formación; primero en Guadalajara y principalmente en la Ciudad de México. Se trata de un gran artista con una obra breve pero muy significativa.

Es importante mencionar también su trayectoria como fotógrafo, así como sus destacadas colaboraciones en el cine: en la película La fórmula secreta (1965) y como autor del guion de El gallo de oro (escrito entre 1956 y 1958).

La historia es un telón de fondo en la obra de Rulfo, hay un estrecho vínculo entre los hechos históricos considerados verdaderos y el universo de la imaginación. Encontramos referencias a periodos claves de la historia de México: la revolución y la guerra cristera. Sus alcances y consecuencias están presentes en su literatura. La profunda relación con el medio rural y la proximidad con la cultura popular que conoce ampliamente, le permiten una construcción simbólica y mítica de la realidad mexicana.

Rulfo no se limita a reflejar esta realidad, sino que la recrea. Llama la atención que en sus cuentos los personajes están en constante movimiento, de viaje, huyendo, y en un abandono absoluto (Talpa, Luvina, No oyes ladrar a los perros). En la novela Pedro Páramo todo inicia con la búsqueda del origen, una búsqueda del principio existencial de Juan Preciado: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”.

Mediante modernas estructuras literarias, muy originales, Rulfo construye una realidad alternativa, paralela, donde el tiempo y el espacio se rompen. Comala es una especie de limbo, es un lugar donde las cosas ocurren de otro modo en un tiempo circular, suspendido, donde el pasado siempre es presente, los sucesos se repiten y escuchamos las voces, los murmullos de los muertos que no pueden descansar, que deambulan como almas en pena.

Hay una escisión entre el tiempo de los personajes y la manera en que perciben la realidad, la violencia de sus acciones y de los hechos que se desencadenan en una dimensión existencial, universal. Nos muestra, al mismo tiempo, la riqueza interior de estos personajes y las circunstancias trágicas que los determinan.

A través de su literatura, Rulfo nos ayuda a entender nuestro entorno, nuestra historia y nos sirve como faro o guía para comprender la insondable existencia humana.

 

Fuentes:

  • García Bonilla, Roberto. Un tiempo suspendido. Cronología de la vida y la obra de Juan Rulfo. México, Conaculta, 2009.
  • Rulfo, Juan. Pedro Páramo. México, Fondo de Cultura Económica, 1955.
  • Soler Serrano, Joaquín. “Juan Rulfo. A Fondo”. Radiotelevisión Española. Ed. Gonzalo Herralde, Madrid, 2020. https://www.youtube.com/watch?v=lpmDc1aNWRg

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